Conservas
Un sector conservador pero con mucho potencial
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3. Conservas y calidad

Pero volvamos a su consumo habitual. Ya hemos comentado que, sobre todo el atún y en menor parte las sardinas y anchoas, son productos utilizados como ingrediente de una receta. El atún es el rey en las ensaladas, pastas y otros platos. Algo parecido pasa con las sardinas y las anchoas. Lo interesante que hemos descubierto es que, en estos casos, como se trata de un añadido que después irá condimentado, la calidad exigida al producto es mucho más baja: “como luego le voy a añadir el aceite y vinagre y lo demás, no necesito que sea bueno, tiro de marca blanca”, nos comentaba un entrevistado.

 

Esta visión, en cambio no está asociada al envase. No parece que el consumidor asocie una mala calidad al hecho de estar contenido en una lata. Pero sí que muchas veces surge el comentario de “no esperas mucho de una lata”, sobre todo para atún y sardinas. En cambio, para las conservas de marisco cambia el discurso. Al ser un producto de consumo social, la marca y la calidad son más relevantes.

Oportunidades:
- ¿Cómo podríamos construir una imagen más relevante de las conservas como complemento de una receta? ¿Podemos inspirarnos en el concepto Mixer de las bebidas alcohólicas?

 

4. Conveniencia

Está claro que uno de los atractivos de las conservas de pescado es su conveniencia. Se trata de un producto preparado, que se conserva durante un largo periodo de tiempo y que además ocupa poco y no necesita de frio (excepto las anchoas). Este punto es apreciado por los Millenials (“es una comida rápida que te salva de mucho”), aunque con algún matiz. Parece que en general les gusta poder modificar o “tunear” a su gusto, aunque sea ligeramente, el producto. Asimismo, no identifican la conserva de pescado como un sustituto de una comida: “comer una lata me va a saber a poco”.

 

Además parece que existe poco margen para productos que estén completamente preparados (V gama) ya que hemos percibido cierto desencanto y mucho escepticismo. “No me gustan los platos muy preparados”, comentaba uno de los jóvenes con los que hablamos. Al parecer, no les convence mucho el sabor y la preparación que llevan.

A esta generación le gusta poder tener control sobre el producto final que consumir algo completamente terminado. De todas maneras una de las cosas que cada vez constatamos más es que a pesar de existir un creciente interés por la gastronomía, la capacidad de cocinar de las nuevas generaciones está claramente en retroceso. Como ejemplo, una de las entrevistadas comentaba: “soy muy limitada en la cocina, no soy mi madre”.

Oportunidades:
- ¿Cómo podríamos ayudar a los jóvenes a cocinar más y mejor?

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