Máquinas sexis

¿Alguien sabe si algunos de estos productos van a continuar en el mercado?
January 2018

Vivimos unos tiempos en los que la velocidad y la agitación nos dificultan adquirir perspectiva de las cosas. En un puñado de años nuestras vidas se han llenado de dispositivos y aplicaciones digitales ad nauseam. Pero, ¿alguien sabe si algunos de estos productos van a continuar en el mercado para que los usen las generaciones venideras? No está nada claro. El iPhone, por ejemplo, sólo lleva 10 años en el mercado, ¿aguantará otros veinte?. En la historia del diseño industrial hay iconos que han perdurado. Nuestros bisabuelos ya utilizaban la cafetera moka, inventada por el italiano Alfonso Bialetti en 1933. Las piezas de Lego nacieron a mediados del siglo pasado, al igual que el chupa-chups, del español Enric Bernat, y ahí siguen, de plena relevancia para miles de niños y adultos en todo el mundo. La proliferación de productos y servicios digitales, en cambio, es tal que necesitaremos tres o cuatro planetas en medio del espacio para acumular tanta chatarra inservible (las miles de apps que pululan por nuestros móviles se pueden borrar, menos mal). Sin embargo, algunos de estos productos y aplicaciones digitales, sólo algunos, están destinados a convertirse en iconos y trascendernos. Hagan apuestas. Ante la saturación de lo digital, muchos reclaman la vuelta de lo analógico. Todavía ninguna experiencia digital supera, ni siquiera se le acerca, a cosas que nos ocurren en el mundo off. Un beso o una sonrisa de un ser querido, un concierto en vivo, una escapada a la montaña, surfear una ola, comerse un par de huevos fritos… la lista es larga. Alguien dijo que el ser humano se mueve por placer y ahí entran en juego los sentidos, todos ellos. Es el imperio de lo analógico, no de lo digital. Este pequeño, pero creciente movimiento de resistencia analógico (vamos a llamarlo así), ya está ganando algunas importantes batallas. Máquinas y artefactos mecánicos, diseñados para disfrutar manipulándolos (reforzados, o no, con electrónica digital) vuelven a ocupar el centro de la escena. Son máquinas que las ves y solo puedes sentir fascinación. Una de estas máquinas con rostro y alma es la Marzocco. No hay un buen barista de café que se precie que no tenga una Marzocco. Esta máquina es el Rolls-Royce de las mejores cafeterías especialistas. En España, país donde se ha tomado durante mucho tiempo una porquería de café, ahora por fin tenemos evangelistas del café hecho con cariño. Pioneros en el uso de esta tremenda máquina fabricada en Florencia son, por ejemplo, el Satan´s Coffee de Barcelona o el Toma Café de Madrid. ¿El secreto de la Marzocco? Robusta, bella, capaz de extraer todo el aroma y cuerpo a un buen grano de café recién molido. Eso sí, bajo las órdenes de un humano-barista bien entrenado.

Otro artefacto convertido en clásico es la Berkel. Con origen en la máquina inventada por el carnicero Wilhelmus Adrianus van Berkel en 1898, esta marca de cortadoras de carne y embutidos es pura elegancia y artesanía. La línea de cortadoras Flywheel, que no bajan de 6.000 euros, es tan bonita y potente visualmente, mezclando acero al aire y esmaltado en rojo, con manivela manual para controlar el corte, que en muchos gastrobares y tiendas gourmet se coloca a la vista de todos como si fuese un trofeo. Disfrutar viendo como el charcutero corta con precisión una buena mortadela trufada en lonchas tan finas que se deshacen en la boca es una experiencia que antecede al momento de comer y se nos fija en el cerebro. Doble placer. Cuando tantos habían tirado su colección de vinilos a la basura, cuando ya ni siquiera la gente compraba CDs o descargaba música en la mula porque total, es más cómodo escuchar Spotify, resulta que los vinilos y los tocadiscos de aguja vuelven con fuerza. La razón es simple: el sonido del vinilo es mucho mejor que el de las grabaciones digitales. Pero hay algo más. Darle al play a un mp3 o al teléfono móvil es sensorialmente paupérrimo. Todo lo contrario que pasar el índice por una colección de LPs hasta escoger uno, sacar el vinilo del sobre, sentir el chisporroteo de la estática, colocar el disco negro sobre el plato, mecer la aguja encima del surco, escuchar el caudal de sonido que empieza a fluir…Algunos hoteles boutique están añadiendo vinilos y tocadiscos en sus habitaciones. Tiene todo el sentido. Y yo apuesto a que más y más consumidores van a pasarse al vinilo en sus casas. ¿Tiene Ikea ya estanterías especiales para discos de vinilo? ¿Incluso un tocadiscos de diseño y nombre escandinavo? Si no, al tiempo.

Al final va a resultar que el mundo digital nos va a hacer defender y apreciar más todo aquello que es analógico. Lo analógico es más sexy que nunca. Las máquinas icónicas que perduran nos lo recuerdan. Welcome to the future.

Jaime Martín
Founding partner & CEO