La importancia de la gestión de ideas para el éxito empresarial (2 de 5)

Los procesos y metodologías en gestión de ideas y las prácticas de innovación abierta.
May 2016

El mes pasado comenzamos nuestra serie de artículos sobre la gestión de ideas y comentamos la importancia de instaurar una cultura de innovación en la empresa. En este segundo artículo nos vamos a centrar en los procesos y metodologías en gestión de ideas y las prácticas de innovación abierta. 

2. Procesos y metodologías de gestión de ideas 
La gestión de la creatividad con un fin determinado no es una cosa de los últimos años, aunque a veces lo parezca. De hecho, como vamos a ver a continuación, se ha tratado desde múltiples perspectivas y se han creado muchos procesos y metodologías de gestión de ideas que comparten las mismas fases y los mismos objetivos pero que difieren en el lenguaje que usan. Lo cual destaca uno de los grandes retos en estrategias de innovación: la falta de un lenguaje común. El primer investigador en gestión de ideas fue precisamente uno de los fundadores de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, Graham Wallas, que comenzó a teorizar alrededor del proceso creativo en su obra “El arte de pensar” en 1926. Este primer Proceso Creativo estaba compuesto por cuatro fases: preparación, incubación, iluminación y verificación que en lenguaje llano se traducirían por planificación, investigación, ideación y validación. Es decir, hace 90 años ya se tenía en cuenta no solo la generación de las ideas (iluminación) sino que se le daba la misma importancia a la preparación y a la evaluación de la gestión de éstas. Lo cual nos hace cuestionarnos ¿por qué en tantas prácticas de gestión de ideas se ha perdido esa esencia? (pero este es un tema para otro artículo). El siguiente proceso en gestión de ideas se conocía como “Solución Creativa de Problemas” y fue liderado por Alex Osborn (1953), padre del Brainstorming y uno de los fundadores de la Agencia de Publicidad BBDO. Sus teorías sobre el proceso creativo para la solución de problemas se centraban en la búsqueda de los hechos (investigación), búsqueda de ideas (ideación) y búsqueda de soluciones (evaluación e implementación). Tal era el interés de Osborn por este tema que fundó en 1955 el Instituto de Solución Creativa de Problemas. Fue en este proceso donde Osborn comenzó a introducir técnicas como el Mind Mapping y el Brainstorming para solucionar problemas.

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La tercera metodología alrededor de la gestión de ideas surge con la aparición del Diseño como disciplina, que se manifestó de forma paralela cuando en 1968 el premio nobel de economía, teórico de la toma de decisiones y pianista Herbert Simon publicó “La Ciencia del Diseño: Creando lo Artificial” donde por primera vez concibió el Diseño como una disciplina para solucionar problemas. Este interés en el tema le llevó en 1969 a desarrollar el primer Proceso del Diseño, dividiéndolo en siete fases: definir, investigar, idear, prototipar, elegir, implementar y aprender. Para él el Diseño era un proceso que explora “cómo deberían de ser las cosas” en vez de “cómo son las cosas” y de esta manera busca generar ideas para solucionar situaciones. Desde este momento, el concepto de Diseño siempre ha estado en constante evolución y en los años 90 el Proceso de Diseño evolucionó hacia el Design Thinking (Pensamiento de Diseño) que expande el concepto no solo como un proceso sino a una serie de actividades cognitivas. Es por ello que los Design Thinkers son capaces de solucionar problemas debido a la manera en la que estructuran su pensamiento y abordan el problema. En este campo hay multitud de definiciones, pero para nosotros la más sencilla y que va más al grano es la de Brown y Wyatt (2010) que define el Design Thinking como “el proceso de inspiración, ideación e implementación de ideas”. A día de hoy la gestión de la creatividad y de las ideas todavía no cuenta con un único lenguaje o proceso, sino que ha recibido una multitud de diferentes nombres a lo largo de los últimos 90 años, el mismo perro con distinto collar, lo cual resalta la importancia de esta práctica para la solución de problemas, gestión de la creatividad y su impacto a nivel empresarial. 

3. Las prácticas de Innovación Abierta
La Innovación Abierta es un concepto que surge hace tan solo trece años de mano del catedrático Chesbrough (2003), quien la define como una estrategia de innovación por la cual algunas empresas cooperan con entidades, profesionales y personas externas a la organización en proyectos de estrategia, I+D y Desarrollo de Producto. Tradicionalmente, las empresas han tendido a gestionar la innovación de forma cerrada, por lo que la generación y gestión de ideas se ha llevado a cabo internamente, confiando en la experiencia, conocimiento y aptitudes de sus trabajadores. Sin embargo, eso ha cambiado radicalmente y nos encontramos con dos fuentes de las que conseguir ideas: equipos dentro de la organización o individuos y organizaciones externas a la corporación. Un ejemplo de Innovación Abierta es el que siguen universidades y centros de investigación que colaboran con entidades privadas en proyectos específicos. De esta manera se hace uso de la inteligencia colectiva para llevar adelante nuevos productos y tecnologías concretas. Grandes corporaciones como Cisco o Microsoft a menudo hacen uso de este tipo de prácticas para alimentar la gestión de ideas en los primeros estadios de innovación. Pero no son los únicos, para poner un ejemplo extremo, la industria de Hollywood ha estado utilizando prácticas de innovación abierta durante décadas creando alianzas, red de colaboradores externos, agencias de talento, actores, guionistas, etc. para obtener los recursos necesarios en cada producción.

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¿Qué a qué viene tanto revuelo? ¿Qué beneficios tiene la Innovación Abierta? En primer lugar supone una reducción de tiempo y de costes, ya que cuando se trata de proyectos de I+D, las empresas no siempre tienen recursos para explorar proyectos más disruptivos. Por eso al introducir elementos externos multiplicamos nuestras capacidades para perseguir un mayor rango de proyectos. Sin embargo, no solo se reducen los costes sino también el riesgo, ya que se busca la maximización de recursos y capacidades externas para identificar soluciones en los primeros estadios de la innovación. La Innovación Abierta dota a las empresas de metodologías, conocimiento y experiencia necesarios para apoyar un mayor número de proyectos con organizaciones externas. Otra ventaja que otorga la Innovación Abierta es la transferencia tecnológica que se traduce en las ideas, patentes, productos y nuevas tecnologías que se incorporan a través de las empresas externas. Existe un gran número de herramientas y prácticas para llevar a cabo Innovación Abierta. Por ejemplo, la NASA utiliza la herramienta InnoCentive, que les ayuda a conseguir contribuciones externas a la organización vía crowdsourcing. Otro ejemplo son los Jams de IBM, en los que se lleva a cabo una generación de ideas en torno a un tema específico con personas de todo el mundo. En 2006 celebraron un Innovation Jam en el que participaron más de 150.000 personas de 104 países y 67 empresas diferentes. Un tercer ejemplo es el de la empresa IDEO, que saca partido a la Innovación Abierta en proyectos de interés social a través de su plataforma OpenIDEO.com en el que se lanzan retos y miles de diseñadores, profesionales del sector social e investigadores buscan soluciones de forma colaborativa. Por ejemplo, en 2011 OpenIDEO llevó a cabo un proyecto con Amnistía Internacional en el que se exploraba cómo la tecnología podía proteger a las personas que trabajan para defender los derechos humanos cuando son detenidos ilegalmente. A través de una generación de ideas de más de 300 personas alrededor del mundo surgió “El botón del pánico” a través del cual un activista con sólo pulsar un botón en su teléfono móvil podía mandar un mensaje a sus compañeros sobre su detención y el teléfono era capaz de enviar una geo-localización cada 60 segundos hasta que se le acababa la batería. Finalmente y al alcance de muchas empresas, incluso Facebook puede resultar una buena herramienta para conseguir ideas y contribuciones por parte de consumidores, empresas externas, etc. si se maneja de manera estructurada. En definitiva, un proceso formal de generación de ideas y prácticas de innovación abierta ayudan a organizar la gestión de ideas dentro de las organizaciones. Sin embargo, nos gustaría aclarar que hace falta algo más que un proceso así. Aconsejamos tener una buena gestión de ideas interna en la organización antes de lanzarse a la innovación abierta. La innovación capitaneada por la gestión de ideas está compuesta por muchos elementos y como estamos viendo en estos artículos, todos ellos son decisivos y no deben llevarse a cabo de manera aislada. En nuestro próximo post hablaremos de la importancia del facilitador, la fase de inspiración y tener un proceso de evaluación para una correcta gestión de ideas. Si no puedes aguantar la espera o quieres saber más, ponte en contacto y nos tomamos un café.

Marta Pérez
Consultant