Dame la lata

conservas que entran por los ojos.
September 2015

Es conocida la afición gastronómica que tenemos en Lantern. Es verdad, nos gusta comer y nos gusta más comer bien. Además profesamos cierta predilección por algunos alimentos en concreto: el buen pan, el café, la comida asiática… y entre otras cosas más, las conservas.

Han sido un clásico en nuestras vidas, ¿quién no disfruta con unos mejillones o unos berberechos a la hora del aperitivo, acompañados de un buen vermut y quizá unas patatas fritas? Yo aún recuerdo el placer que me dio, en uno de mis primeros viajes a Irlanda a aprender inglés, cuando la señora de la familia con la que residía sacó una lata de sardinas para ofrecérmelas en un sándwich. Sigo disfrutando como un niño de las conservas, incluso me atrevo a realizar algunas en casa. Pero, supongo que, en parte, por defecto profesional, en parte, por las ganas de probar cosas nuevas, cada vez me estimula menos comprar este producto, excepto cuando salgo de España.

Principalmente en Francia y en Portugal, la industria conservera ha evolucionado en el producto y la oferta de una manera mucho más atractiva que en nuestro país. No son sólo las múltiples recetas y combinaciones que uno puede encontrar en sus tiendas, sino también el packaging e incluso en el retail. Toda la experiencia de compra y degustación es mucho más rica en estos países.

Casos como el de
y sus vistosas tiendas en los lugares más turísticos del país galo son un claro ejemplo. Es difícil elegir entre todo el surtido que tienen por lo apetitoso y visual que es toda su oferta. Literalmente entra por los ojos.


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En Portugal, marcas como
(de A Poveira) han relanzado su tradición pesquera con un acercamiento fresco y muy visual pero centrado en un buen producto. Esto es lo que echo de menos en nuestro país cuando voy en busca de conservas.

Algo más de 340.000 toneladas, ese es el tamaño de la industria conservera nacional y casi todo el negocio se ha centrado en productos muy básicos y accesibles (a.k.a baratos) o bien en joyas culinarias muy Premium. En el nivel intermedio, es difícil encontrar una oferta relevante y fresca que haga que volvamos a interesarnos y disfrutar de la conserva nacional. Es un buen reto el que hay por delante.


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